LOS ADOLESCENTES Y LA LITERATURA


Relación fundamental en la formación de in individuo que, por su diversidad y múltiples enfoques posibles, no se agota en una nota, Iciamos su tratamiento con un artículo del profesor Héctor Ladeda, Licentiado en Letras que ejerce la dirección en una escuela de Merlo, provincia de Buenos Aires.


 "La literatura no sirve para nada”

(El suplente, de Diego Lerman)


Zona sur del conurbano bonaerense. Una escuela pública. Un profesor de Literatura egresado de la UBA. Su primer día en el curso. Su primera pregunta: “¿Alguien me puede decir para quésirve la literatur a?” Las respuestas: “Para tirarte a dormir.” “No leo”. “Para contar historias”. “La literatura no sirve para nada.” “Coincido - dice el profesor- La literatura, en realidad, no nos sirve para nada. No tiene ninguna utilidad, no es un bien, no podemos comer, no podemos respirar, no podemos comprar nada con la literatura. ¿No? En términos prácticos es completamente prescindible. Un alumno descarga: “Entonces, ¿para qué venís? ¿Qué hacés acá? Profesor: Para ver si le podemos encontrar algún sentido a esta materia, a las clases estas que estemos juntos… Bueno, quiero que agarren una hoja y que escriban las cosas que les gusta y las que no les gusta. Y le ponen el nombre. (Escena de El suplente)

Quizás en este comienzo podamos encontrar un par de ejes para elaborar una posible relación entre Literatura y adolescentes: Contexto socio económico. Literatura. Lectura.
Lectores. Escritura. Jóvenes. Intereses. Servir. No servir. Identidad. Estrategias.
Todos quienes tenemos el hábito de la lectura sabemos que este representa un medio para el aprendizaje, el desarrollo de la inteligencia y la adquisición de cultura para la vida, el encuentro con uno mismo, la empatía con el otro, el diferente. Además, fomenta hábitos como la reflexión y el análisis de hechos históricos y presentes e, incluso, sirve de entretenimiento. Obviamente, prácticas incuestionablemente ligadas al rendimiento académico de los estudiantes. Pero, ¿cómo se llega hasta acá? ¿Cómo logramos esto?
Lectura. Lectores. Escritura. Literatura.
Frente a la posible confusión de si el problema es la lectura o los lectores, conviene delimitar primero a la lectura como proceso y al lector en su desempeño: superadas las barreras de la lectoescritura podría pensarse que existe un lector, pero si éste no comprende lo que lee, el objetivo de la enseñanza no ha sido alcanzado. De allí a que en el aula podamos leer literatura, analizarla, comprender lo leído y expresar un juicio, hay un trabajo por hacer.
Contexto. Identidad. Estrategias. Escritura.
“Los chicos leen mucho, específicamente desde el celular”, nos señala Natalia Ortiz, docente de Literatura. “No sólo leen, sino que arman textos y narrativas escritas en su pseudo idioma, con dibujos, imágenes, con memes, no sólo leen, sino que interpretan imágenes, que es otra manera de leer”. En relación al tipo de texto que se trabaja, señala, “no podemos olvidar que vivimos en una sociedad líquida, donde todo se escurre como agua entre los dedos, por eso trabajo en principio, con textos cortos, con temas que les interesen como violencia de género, identidad y otros. La elección de autores
nacionales es porque en sus voces escuchan ecos de su realidad de vida, de su contexto, de su país. En sus historias encuentran su propia voz. Nos conectamos con los autores de manera más directa: la mayoría de los escritores utilizan las mismas redes que nuestros estudiantes: Blog, Instagram, Facebook.”
“La realidad nos dice que estamos en la era tecnológica”, señala Stella Sánchez, profesora de NTICx, “y la generación que se está formando en las aulas tiene un conocimiento sobre estas innovaciones que no puede desaprovecharse. Lo ideal, como facilitadores de su proceso de enseñanza, el cual incluye instalar el hábito lector y formar lectores, es desarrollar su potencial a partir de los intereses de aquéllos, si se relacionan con internet, poniendo en marcha estrategias basadas en esta herramienta.”
Intereses. Sabemos que las y los adolescentes leen, y mucho, que son textos breves, fragmentados, que la lectura no es lineal, que responden a intereses variados, fugaces en muchos casos. Toda la información que circula en las redes, ya sea verbal, visual, auditiva, más la superposición de mensajes en los videos de música, la rapidez de lectura y respuesta del video game los ha convertido en personas muy capaces a la hora de dar respuestas a estímulos variados, incluidas las respuestas escritas. Pero lo que no debemos olvidar es que la literatura demanda una paciencia y una concentración mayor.
La literatura es una experiencia más individual que la que podemos tener con otras disciplinas artísticas. Y llevar a los estudiantes hacia allí es tarea de escritores y docentes que se acerquen a los sentimientos y los intereses de nuestros alumnos. Y coincido con el protagonista del film de Diego Lerma: la literatura no sirve para nada en términos utilitarios: no es una receta que va a resolver la violencia de género, por ejemplo. Sí, creo en las historias que hacen preguntas, que muevan al lector y que busque sus propias respuestas. Generar más preguntas que respuestas desde la literatura es un acto político.
“Ante todo parto de trabajar con el concepto de lectura no obligatoria”, aclara Ortiz, “los modos de elegir un texto son variadas, y siempre tienen que ver con el interés, por consenso y al final todos leen, se arman debates que sorprenden, ya sean textos de lo que hoy se entiende como literatura juvenil o de autores clásicos, y en general, los estudiantes proponen una mirada propia, original y se trabaja a partir de esa mirada. No debemos olvidar que nuestras primeras lecturas son reescrituras de otros textos, y
cuando en medio de un debate te dicen: yo no la hubiera terminado así, la historia, ya están interpretando, reflexionando y escribiendo. Y cuando plasman en el papel su propia lectura, ahí la literatura ha recorrido un buen camino en ellos y ellas”, concluye.


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