ARTE Y LIBERTAD
Se intenta aquí una mirada revaluatoria de la independencia del usador de arte, es decir, del que lo cultiva, Del que lee, escucha, mira y de su libertad en el sentido más amplio. De su definitivo papel que otorga sentido y proyección a la obra que tiene ante sí y la plena acción de su subjetividad.
Una reflexión que surge ante uno de los escritos que pueblan Libropesía y otras adicciones, valioso libro al que accedí en una reciente visita a Girona. Se trata, justamente, de un ejercicio que trata sobre la adicción al arte, en este caso, la literatura y las sanas dependencia que el uso del arte depara.
La libertad cuesta cara, decía Godard.
No hay hombres libres, sólo esclavos contentos, sentenciaba Nietzsche.
En la contratapa se anuncia que Libropesía es un capricho de antología, una ofrenda para quienes gozan de los libros, de su tacto, de su aroma y de sus formatos; para quienes leen mas allá de las palabras, pero leen también las palabras. Un canto a la rareza del mundo de los libros y a las locuras lúcidas, tiernas o tristes que emanan de su libertad y de quienes los aprecian.
El pretexto de estas líneas asomó de un breve ensayo de Virginia Woolf titulado ¿Cómo hay que leer un libro?, que me remitió sin escalas a un escrito de Octavio Paz: Cómo se debe mirar un cuadro. Cuya refutación produjo mi inicio como redactor en el Noticiero Universal de Barcelona. Para aclarar reproducimos las primeras líneas del ensayo de Woolf en Libropesía:
"Ante todo quiero poner de relieve que el título de este ensayo está escrito entre signos de interrogación. Y así es que, aún si pudiera contestar la pregunta, esta contestación solo sería válida para mi, y no para vosotros".
Una de las características de La tosca realidad, que aquí intentamos combatir, es la negación de la subjetividad. En todos los sentidos. Las citas, de Woolf en literatura y de Paz en pintura sólo son ejemplos de esa infinitud. La música, la más abstracta de las artes, puede ser un buen ejemplo de la capacidad creadora y proyectiva del escucha: no solo provoca -o permite- interpretaciones disímiles en cada persona, si no que da lugar a distintas reacciones en distintas circunstancias en la misma persona. La propia formación de cada lector o cada espectador reformula y recrea las imágenes que la literatura o el cine le propone y/o sugiere. Y ese no es un acto de nuestra voluntad, es mas profundo, es mas humano.
Lo que en Libropesía se define como una sed insaciable de libros, lo tomamos para ocuparnos de una sed insaciable de arte y libertad.

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