ORIGEN, PASADO Y PRESENTE DE....EL BESO

'El beso' de Robert Doisneau


   
 Uno de los gestos más expresivos -y virtuosos-de los sentimientos de los humanitos, parece caer en desuso en tiempos de la virtualidad. Incluso, pocos emoticones, esa barata y escueta manera de expresar, lo registran. Es casi desconocida, pero existe una disciplina, la filematología, que se dedica a su estudio. Desde ya que lo tomamos como una inmejorable arma de combate contra la tosquedad de la realidad que nos ocupa. Tiene un lugar preeminente en el día a día de las relaciones humanas, las que vivimos con normalidad, pero, además, registra una historia riquísima y significante en la historia de la humanidad. Intentaremos desandar el camino del beso en la historia, buscando el posible origen de este gesto de amor. Y su incidencia en nuestras vidas.


La Filematología, la ciencia que estudia los besos es una de las especialidades del profesor Vaughn Bryan, antropólogo en la Universidad de Texas. En principio, él sostiene que se trata de una práctica milenaria que evolucionó a partir de otro saludo más común entre nuestros antepasados, que consistía en frotarse las narices y olisquearse para averiguar el status social y la salud de la otra persona.

Una desconfianza con ribetes de preconcepto que se replica en nuestros días con diversas formas, la hipocresía, los modales y los perfumes son modernas maneras de precaución en nuestras relaciones de todos los días, incluso las íntimas. O más aún en ellas. Sabiendo que, en tiempo de distancias, se ha instalado el beso al aire, producto de cumplir hipócritamente el ritual apoyando las mejillas.

Desde cuándo.

En cada uno de los momentos en que nos enviamos besos (gestualmente, por carta, por teléfono o por encargue) nos estamos refiriendo a una imagen del acto de besar que poseemos. Yuval Noah Harari estima en sus trabajos antropológicos, que el homo sapiens se impone al hombre de Neadderthal a partir de su capacidad de imaginar. ¿Es posible que el beso se haya instalado allí como práctica? o ¿debemos ir más atrás en el tiempo para encontrar el origen de un ritual que encarna como ninguno nuestros sentidos?

"Pigmalión y Galatea" Jean-Léon Gérôme 1890
"Pigmalión y Galatea"
Jean-Léon Gérôme 1890

Hay afirmaciones sobre su práctica de 2500 años antes de Cristo, pero en la mitología griega (Pigmalión y Galatea) ya se lo encuentra y, más, en textos mesopotámicos se lo registra hace cuatro milenios.

Podemos encontrar innumerables motivos y maneras que llevan al acto de besar. En principio la filematología afirma que no son patrimonio de los humanos, otros animales también lo hacen, bonobos y elefantes entre ellos, aunque como no están condicionados por la razón, puede suponerse en ellos besos más libres y sinceros. Entre nosotros hallamos -y conocemos- el saludo, la pasión, el afecto, el cariño, la amistad, el respeto y la subordinación y la dependencia, llegando a la esclavitud, dependiendo de la cultura que observemos y en qué momento lo hagamos. Sin olvidar que la emoción resulta fundamental y que suele andar mezclada con la pasión. ¿Existe correlato entre el beso a una cruz y el que un jugador de futbol da al escudo de la camiseta que transitoriamente representa?



EL BESAR HACE A LA SALUD...?

Pues al parecer podría afirmarse que sí. Nos encontramos aquí con una serie de datos, confirmados por la ciencia, que van más allá del reconocido placer de besar y ser besado, en términos sensitivos o de sensualidad.

El acto de besar hace que se produzcan una serie de cambios químicos que, a su vez, permiten la liberación de diferentes hormonas. Nos enteramos de que se rebaja sensiblemente el estrés, como consecuencia de la reducción de los niveles de cortisol y, además, se libera testosterona, responsable del aumento de deseo sexual en ambos sexos (y suponemos que en otros también). Se nos revela por otra parte, que el acto de besar aumenta la concentración de dopamina y de oxitocina, relacionadas con las sensaciones de amor y de cariño, al tiempo que el beso lleva a sensibilizar las terminaciones nerviosas de los labios, que al parecer tan sensuales resultan.

"El beso" Gustav Klimt 1907-8

Según los científicos que lo estudian, al besar damos acción a 34 músculos de la cara y a unos 112 en todo el cuerpo. Por otro lado, otro más, quemamos al besar 6,4 calorías por minuto, fortalecemos nuestro sistema inmune y el placer estimula el ritmo cardiaco. Claro que todas estas especulaciones y beneficios no guardan relación con lo que expresamos cuando besamos y, por ello el arte se ha ocupado debidamente él. La amorosidad es su contexto, incluso en el beso de Judas. Entre muchos, Rodín y Klimt se han ocupado dignamente del ritual. En la vidriería de mi barrio aguarda su turno de arreglo, el marco que sostenía una copia de la maravillosa versión del pintor, que hace un tiempo se le cayó a una amiga en el living de mi casa. Hay cosas sin las cuales no se debe estar.



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