CINE/ ..........LOS AMORES DE ANAÏS por Claudio Suaya


 LA PARTE INCORRECTA DE LO NATURAL


Una sorpresa reconfortante. En este film pequeño escrito y dirigido por Charline Bourgeois-Tacquet, que data de 2021 y que lamentablemente quizá no tenga estreno comercial en la amarreta cartelera de nuestro país, por el valor del dólar (distribuidores) o indiferencia de los exhibidores, que supera la expectativas del mero entretenimiento, sin dejar de entretener, regla clave para el cine de historias, nos encontramos con un estadío que dignifica al ser humano: la rebeldía. Y dos conceptos básicos y discutidos de nuestro tiempo, la libertad y la convivencia. Vamos a la película

Los artesanos de mediados del  siglo XX afirmaban que para tener una película, es imprescindible tener una historia. Y aquí la historia está, es, si se quiere, común, sin estridencias de vanguardismos ni descubrimientos técnicos. Lo revolucionario es el tratamiento de la "problemática" de una joven: sin saberlo, sólo quiere ser libre y precisa de los demás tanto como los demás la precisan a ella. Ella quiere vivir su vida (coincidencia nada casual con los rebeldes de la nouvelle vague). Imposible no pensar en Sin aliento.

Claro que el problema es que el mundo esta organizado, se ha hecho de una estructura que lo contiene, reglamenta y reprime. Básicamente a lo que nos es dado naturalmente, ella no lo entiende pero su necesidad de dar y recibir sin peajes, es incorrecta y atenta contra el orden establecido.

Ojo, la trama no es, ni de lejos, feminista, es humana. Solo que vivimos muy distanciados de esa esencia, de lo que somos naturalmente. Y Anaïs no comprende ni se somete a esa domesticación y quiere hacer lo que quiere hacer...y querer. Su personaje tiene deseos y quiere satisfacerlos. No, eso sería intelectualizar su sentidos. Quiere convertirlos en actos. Y lo hace, para feliz descalabro de todo lo que felizmente entra en contacto con ella. En verdad, la película debería titularse El amor de Anaïs, porque de eso se trata, de el amor de ella.

El carácter prioritario que la dirección le otorga a los sentidos, a lo sensible a la naturalidad del hecho de vivir y, por lo tanto, desear, exime de mayores análisis técnicos, aunque la película esté bien actuada, sus personajes no defraudan, ilusionan, la fotografía es buena y el ritmo se lleve puesto al espectador. El desparpajo de Anaïs despierta envidia. Poniéndonos serios, deberíamos tener una vida a imitación del arte.


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