CINE/Crítica: ESE CRMEN ES MIO, por Claudio Suaya
UN SOPLO DE AIRE FRESCO
El lugar que se le asigna a la mujer -protagonistas absolutas- en medio de la mediocre y reinante atmósfera del Me Too dignifica el film y le otorga un carácter de libertad difícil de encontrar hoy, si hablamos de libertad de veras. El tono e incluso el largor de la película, refrescan.
A esta altura es imposible que no lo asalte a uno la reciente e interminable película de Scorssese, su pretensión de testimonio y su apego a la verdad real. Allí su obra pierde todo encanto e, incluso se permite una incursión al ambiente gansteril de viejas obras, lo que justamente degrada esta.
Volvamos a la mentira de Ozon, que permite la ilusión. El viejo Hichtcook nos ha dicho mucho sobre el asesinato, los perfectos y los otros. Y lo ha hecho, justamente, con el humor con el que Ozon viste su película. Aquí las mujeres matan, de verdad y de mentira, no por justicia ni poder como en Johnny Guitar, por eso su protagonismo es aún mayor. Lo hacen vestidas de mujer y reivindicándose.El guion, adaptación de Mon crime, novela de Georges Beer y Louis Verneuil es ágil, pleno de diálogos chispeantes, sutiles y reveladores. La teatralización de la realidad del film es un aporte mayor, no hay nada que resulte creíble y nada que no pueda serlo. La escenografía que convierte en teatro a la sala de juzgado resulta magnífica y la película, que esconde una reflexión profunda detrás de su aparente ligereza, despide al espectador con la ilusión de que todo es posible.


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