CINE/Crítica: Zona de Interés, por Claudio Suaya
ZONA DE INTERÉS
( Cuando el cine reclama despertar)
Estupenda y necesaria obra de Jonathan Glazer que sobre uno de los temas más tratados en el cine, logra formular un inquietante punto en forma de cuestionamiento, sobre la condicion humana: ¿qué somos y qué nos permitimos ser? Mucho se ha hablado, escrito y filmado sobre el tema, Hannah Arendt, Martin Luther King, André Malraux y Kobayashi entre otros talentos han trabajado sobre este aspecto que nos conforma y al que no solemos prestar atención o directamente ignorar.
Las interpretaciones de Christian Friedel y Sandra Hüller que dan vida al siniestro matrimonio Höss, son fundamentales a la hora de normalizar el horror. Resulta una zona de extremo interés -y obligación ética- revisar las zonas oscuras de nuestra conciencia. Así como Trump proponía la creación de un muro para separarse del subdesarrollo al que historicamente Estados Unidos ha sometido a su vecino Mexico y como nosotros, por caso, nos acostumbramos comodamente a la vecindad del barrio de clase media con la precariedad de las villas miserias, el comandante Höss y su esposa pretenden brindar a su familia diversión en una patética piletita, elocuentemente pequeña instalada en un artificial jardin que, mediante una pared, lindera con los sombríos galpones de del campos de exterminio de Auschwitz, de los que el siniestro Höss es uno de los responsables.
Lo que esta cooproducción británica/polaca/estadounidense brinda esta lejos de ser una lección moral y deja a cargo del espectador la lectura de lo que ve. El director se limita a mostrar, con tonos de documental y desde una perspectiva inédita, un hecho dado.
Las interpretaciones de Christian Friedel y Sandra Hüller que dan vida al siniestro matrimonio Höss, son fundamentales a la hora de normalizar el horror. Resulta una zona de extremo interés -y obligación ética- revisar las zonas oscuras de nuestra conciencia. Así como Trump proponía la creación de un muro para separarse del subdesarrollo al que historicamente Estados Unidos ha sometido a su vecino Mexico y como nosotros, por caso, nos acostumbramos comodamente a la vecindad del barrio de clase media con la precariedad de las villas miserias, el comandante Höss y su esposa pretenden brindar a su familia diversión en una patética piletita, elocuentemente pequeña instalada en un artificial jardin que, mediante una pared, lindera con los sombríos galpones de del campos de exterminio de Auschwitz, de los que el siniestro Höss es uno de los responsables.
Lo que esta cooproducción británica/polaca/estadounidense brinda esta lejos de ser una lección moral y deja a cargo del espectador la lectura de lo que ve. El director se limita a mostrar, con tonos de documental y desde una perspectiva inédita, un hecho dado.

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