CINE CINE CINE... más cine por favor




El título alude a una estupenda canción de Aute, que reconocía y festejaba, lo que este artículo se propone revisar...

La vigencia del cine y su imprescindible presencia en nuestras vidas. Las artes son un producto humano y, como tal, han reflejado y reflejan distintas miradas sobre el vivir. El arte no es real y desde esa irrealidad nos aporta una versión embellecida sublimada de nuestra terrenal existencia. Nos permite vivir un sueño sin leyes, en fin, una ilusión de libertad.

Claro que en esta relación, que tiene infinidad de modos, el usuario de arte cuenta con infinitas posibilidades de contactar, con la música, la literatura, la pintura y demás disciplinas y, frente a ellas puede ser un usuario ingenuo o un usuario crítico o incluso alternar entre esas posiciones, ya que una y otra le brindan mayor o menor gratificación y la relación con el arte debe prefigurar un placer siempre, aunque la expresión artística recree un momento de angustia, la forma artística de esa realidad nos salva,  Goya o Beethoven son muestras de ello. Por supuesto que son distintos los lugares de un lector que el de un oyente, que el de un espectador, que el de un mirador, incluso, pero en todos y cada uno de ellos, el arte brinda un universo ficcional posible que ya dependerá de la empatía o la proyección que el usuario de arte establezca con la obra. Y, claro, del impacto que la obra tenga sobre él. Volvamos al cine que era -es- nuestro objetivo de análisis. Empezaremos con la dualidad del espectador, ingenuo o crítico. Vale aclarar que, lo que aquí se afirme es válido para los usuarios de otras disciplinas artísticas. 

Un espectador ingenuo. ingresa a la sala cinematográfica sin mayores armas de análisis, sin preconceptos, sin saber de plano y contraplano y dispuesto a entregarse a la aventura del cine y, sin mayores exigencias. Está dispuesto a creer la trama que se le presente y a embarcarse en ella. Al respecto, podemos recordar que en el maravilloso catálogo de La gran aventura del Cine, extraordinaria serie de pinturas en acrílico del artista madrileño José Ramón Sanchez, se anota una frase memorable que en este intento nos apoya Si no os hiciéseis como niños no entraréis al reino del cinematógrafo. En rigor, casi nada que agregar pero, como somos escribas y no creadores de imágenes, algo diremos, aunque sea por vicio. Así como en el cine se reclama silencio, aquí, inclusive entre los analistas, deberíamos brindar una especie de homenaje a la imagen de cine con una página en blanco.

Un espectador crítico sería aquel que cuenta con herramientas de análisis, que se ocupa de la ficha artística, también de la técnica, que distingue entre guión original y guión adaptado, que conoce la relación entre realizador y director de fotografía, que se interesa por la filmografía del autor y de los intérpretes, que pretende conocer los libros en que se basa tal o cual película y las diferentes versiones que se han hecho de una novela o de un personaje o de un hecho. En resumen: toda una labor que si no se hace por trabajo o por vocación, resulta ardua. A más que en el camino se pierden, irrevocablemente, las virtudes, los placeres y la frescura de un espectador ingenuo. El que en su butaca tiene miedo que el héroe no llegue a tiempo, que la chica se vaya con otro o que el tren choque. Y lo sigue viviendo aunque vaya por la tercera visión del film y se sigue emocionando cuando el viejo profesor viaja al encuentro con las fresas y cuando en Casablanca cantan la Marsellesa. El cine es un arte que educa y nos ha enseñado historia, orientado en filosofías y en ideologías, nos ha transportado a lugares soñados del mundo. 



En la época silente no pasaba, pero a partir de 1930, con el sonido, la música, a la que un crítico francés llamó el elemento inverosímil del cine, se ha terminado de lograr una representación de la realidad que ninguna otra disciplina logró nunca. Y eso la ha transformado en la más popular de las artes, esa que en sus argumentos ha ido recreando y fomentando ideas y modelos en las vidas de millones de espectadores que han proyectado sus sueños en la pantalla.

El cine impresiona en la cultura de los espectadores que viven a su tiempo y a su temperatura, que se ofrecen a sus vaivenes, sus negros y sus blancos. Es, de verdad, una mentira y un maravilloso sueño...

Recuerdo bien 
Aquellos cuatrocientos golpes de Truffaut
Y el travelling con el pequeño desertor
Antoine Doinel
Playa a través
Buscando un mar que parecía más un paredón
Y el happy-end
Que la censura travestida en voz en off
Sobrepusiera al pesimismo del autor
Nos hizo ver
Que un mundo cruel
Se salva con una homilía fuera del guión

Cine, cine, cineMás cine por favorQue todo en la vida es cineQue todo en la vida es cineY los sueños...Cine son
Al fin llegóEl día tan temido más allá del marPrevisto por los grises de Henri DecaeCuánta razónTuvo el censorAntoine Doinel murió en su domicilio conyugal
Pido perdónPor confundir el cine con la realidadNo es fácil olvidar Cahiers du cinémaLe Mac MahonEso pasóSon olas viejas con resacas de la nouvelle vague
Cine, cine, cineMás cine por favorQue todo en la vida es cineQue todo en la vida es cineY los sueñosCine son
Cine, cine, cineMás cine por favorQue todo en la vida es cineQue todo en la vida es cineY los sueñosCine son

Luis Eduardo Aute

https://www.youtube.com/watch?v=AoMhckhlaQA

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