QUÉ HORRIBLE TODO !!! (3) por Claudio Suaya
Responsabilidad civil en Argentina
Tal vez sea acertado buscar un ejemplo mínimo de reproducción de una sociedad en los comportamientos de los miembros de un consorcio, que se asemeja en mucho en su constitución, estructura y funcionamiento a lo que persigue una sociedad democráticamente organizada. Justamente, esos núcleos sociales suelen ser los más conflictivos y, a la vez, lamentables muestras de la falta de conciencia social, equivalente a los grados de civilidad.
De la laureada y desgastada Revolución francesa y sus principios, seguramente el que más atañe e importa a nuestra cuestión, es el de libertad, Ahí podría encontrarse la clave de este malentendido, que ha provocado lo que podríamos llamar catástrofe de las Relaciones Humanas. Recuerdo -era un chico- cuando se intentaba…encorsetar el mapa social, imponiéndonos la pavada de que la libertad de cada uno termina donde comienza la libertad del otro. Es decir, cero solidaridad y cero empatía y que cada cual atienda su juego.
Ese disciplinamiento importaba, además, un sigiloso ataque a la rebeldía y describía a la sociedad como una hoja cuadriculada, con márgenes (límites) para cada uno, que nos alejaba y ajenizaba del otro. Lejos de la fraternidad, que es un sentimiento y, se sabe, las cuestiones del querer no se legislan, esos límites férreos a la posible asociación eran una propuesta de libertad rigurosamente vigilada.
La soledad del hombre ha parido el existencialismo, que se propone como refugio para los expulsados del pretendido orden social y su ridícula y expulsiva escala de valores basada en la moralina condenatoria.
¿UN PROBLEMA ARGENTINO? La viveza criolla
Citaremos un caso odioso y odiable, pero que es muy claro y nos cabe a casi todos, y de ahí, su validez. Maradona, una de las personas más amadas en la Argentina, hizo dos goles frente a Inglaterra en el Mundial 1986, partido inolvidable para los futboleros y para todos. Era entonces muy reciente, el doloroso recuerdo de la guerra por las Islas Malvinas, que acrecentó rivalidades y odios, y eliminar a Inglaterra fue una alegría pírrica y absurda frente al dolor.
Lo curioso -y aquí entra nuestro tema- es que el primero de los goles, que fue hecho con la mano, es decir, no válido, aunque cobrado, es casi más recordado y reivindicado que el segundo, (obra bella, que enaltece al deporte), porque es justamente fruto, no de la habilidad, sino de la viveza criolla que, lejos de enaltecernos, nos rebaja. El problema y su importancia, no es el festejo de aquel gol en su momento (lo festejamos todos), sino que la reivindicación y enaltecimiento como logro de algo claramente inválido, que nos indignaría si fuésemos las víctimas. Medio siglo después, debería preocuparnos e interrogarnos acerca de nuestro concepto de la legalidad que se registra en la cotidianeidad y marca nuestra conducta social porque aquel hecho se diluye entre el nacionalismo y la masividad, pero el drama cotidiano aparece en la enemistad del peatón con el automovilista y cuando el gol con la mano se lo hacemos al amigo, al vecino, al hermano, al semejante.
Sin generalizar, nos encontramos, entonces, con un individuo típicamente transgresor que ha hecho de Il Sorpasso (una avivada italiana hecha película con el genial Vittorio Gassman) un modo de conducta en nuestra sociedad, del que se esgrimen decenas de causas, desde la heterogeneidad de su composición social hasta las alternancias políticas, desde la (¿liviana.?) corrupción del amado Pasarella al estafador (¿moral..?) del votado Milei, todos vamos un poco más allá de lo permitido. De pasar un semáforo a la cola del super. Es decir, no somos confiables. Nadie está seguro de que el otro, (el semejante), va a hacer lo esperable. Cerrar bien la puerta del ascensor, sacar la basura en tiempo y horario, ejemplos tontos pero válidos de una materia que reprobamos día a día en Argentina: Responsabilidad Civil.
Un “idiote” es aquella persona que se desentiende de lo político, dice la etimología de la palabra. El término idiota proviene del griego (idiotes), que significa persona que solo se ocupa de lo suyo, que se desentiende de lo común, es decir, de lo público, es decir, de la política, es decir, de lo que nos pertenece a todos.
Idiotes o idiotés (griego antiguo: ἰδιώτης; plural: ἰδιῶται; de idion, "lo privado", "particular") era un término -principalmente no sentencioso- para describir la actitud de un ciudadano en la Antigua Grecia centrado en su vida privada, en oposición a la comunidad.
Lo que adquiría una gravedad considerable en Grecia, cuna de la democracia, donde el descuido de la cosa pública se entendía como un desprecio al funcionamiento de la sociedad (y algo de eso sigue siendo).
Ese analfabeto político del poema que se le atribuye al dramaturgo alemán Bertolt Brecht sería entonces, en la antigua Grecia, un idiote.
¿Es posible que en Argentina muchos seamos idiotes..?
Aquí no estamos justificando nada, solo tomando nota de la matriz formativa de un país que se pregunta por siempre quiénes somos. En mi experiencia en esa España que no existe como tal, se me habló en, por lo menos, cuatro idiomas diferentes... Si nos referimos a las responsabilidades civiles de los que habitamos este suelo, no podemos dejar de revisar quiénes nos gobiernan. En 1930, en 1955, en 1961, en 1966 y en 1976, sendos golpes militares interrumpieron gobiernos civiles, con mayor o menor asentimiento de la gente y con distintos niveles de represión, persecución, proscripciones y número de muertos, con decenas de miles de desaparecidos en la década del 70. De Illía, presidente radical que vendió su auto para pagar un tratamiento para la esposa en 1968, dos años después de derrocado, a Cristina Kirchner, que purga condena por corrupción actualmente, pasó mucha agua bajo el puente, incluyendo el extraordinario Juicio a las Juntas militares en 1986, con Raúl Alfonsín, radical devenido el primer presidente de la actual democracia. Con el increíble indulto con que un presidente peronista los liberó años más tarde, dentro de su también corrupto gobierno. A todo eso se suma el desquiciado presidente actual, que a la posible corrupción con su participación principal en el caso LIBRA, le suma el uso ingenuo de aviones oficiales por su primer ministro, que se trata en otra columna de este trabajo. ¡¡Qué panorama!!
El fútbol, su ente rector y su presidente también... están investigados por corrupción, pero, y aquí hacemos una salvedad, el fútbol es casi lo único que funciona en la Argentina; como deporte popular, entretenimiento básico y como fábrica de exportación de sus valores, jugadores, técnicos y modos, es el campeón actual de América y del mundo. Es claro, una excepción, pero anda bien y frente a la intemperie que pesa sobre los individuos, por su propia invalidez social y por sus patéticos dirigentes, aparece como un refugio válido, porque este, como dice Calamaro, es el país de la pelota.



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