Por siempre jamás... BUSTER KEATON por Elque Mira
Hace unas semanas Marcela Casinelli me invitó a una proyección especial de la maravillosa El Maquinista de la General en el pomposamente rebautizado Palacio Libertad que antes se llamaba grandilocuentemente Centro Cultural Kirchner. No pude concurrir a encontrame una vez más, nunca son suficientes, con el genio de Buster Keaton, pero, como no me había pasado nunca, me sentí en falta y esta es mi forma de ponerme al día con el genio silente. Debo antes recordar que la Cinemateca es, seguramente, uno de los mayores gestores de la presencia de él en Argentina. En esta oportunidad, se celebraban los cien años de esta obra maestra, dentro del ciclo Cine mudo sinfónico, con la Orquesta Sinfónica Nacional. Vayamos al hombre, que nació en 1895 en Kansas apadrinado por el increíble Houdini, que trabajaba con su padre Joe a quien consideraba un cómico mediocre con el que tuvo una pésima relación. Su nombre proviene de la expresión de Houdini, cuando lo vió tener una caída importante a los tres años de la que salió indemne, "that was a real buster!"
Debutando en el cine entre 1917/18 en La Cocina, luego de años de trabajo desde niño en el vodevil, su período brillante será en la década del veinte, logrando obras estupendas en esos años como protagonista y director de sus films, años despues afirmaría "Ni Chaplin, ni Harold Lloyd, ni yo tuvimos un guión [...] No lo necesitábamos".
Al increíble y sutil dominio de su cuerpo todo, logrado desde la intensa preparación cuando de niño participaba con la compañía de su padre, le sumó lo que sería definitivo en su carrera, un rostro inmutable que algunos llamaron cara de piedra aunque, si así fuera, logró la piedra más expresiva de la historia, lo que algunos bastos se atrevieron a calificar como cara de nada. Puede entenderse el múltiple protagonista de El Cameraman estableció una relación de libertad con el público: sí, este es mi rostro, mi gesto, ustedes pueden darle el sentido que prefieran...Y el público comprendió al genio ingrávido y sigue celebrandolo.
El genio de Buster hizo reír, llorar y pensar con esa expresión donde caben los sueños, es decir, el cine mismo. Tanto en El Maquinist Keatona de la General, como en El Navegante, el gemio rebelde se manifiesta filosóficamente para dudar de la relación entre el hombre y las máquinas. Y lo hace con amor.
Por absurdas tendencias de la crítica, se lo pretendió comparar y enfrentar con Chaplin, pero fueron dos genios que prácticamente inventaron el cine. Él, tal vez el mejor cómico en la historia del cine, no superaría el paso del silente al sonoro. Ya en los años cincuenta vemos sus últimas apariciones en Sunset Boulevard, de Billy Wilder y en Candilejas, justamente de Charles Chaplin. Arriesgando que el cine es imagen en movimiento, en un tiempo fundacional de la disciplina, en silencio y blanco y negro, Buster Keaton hizo un aporte fundamental para que el cine se constituyese en un sueño que hoy vivimos cuando se apagan las luces.

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